No puedo gobernar el cortisol,
que a su aire va campando por mis venas,
lo intento refrenar a duras penas,
pero en su escala llega al si bemol.
La ansiedad no me ayuda a su control,
en la tele no dan noticias buenas,
al final me inflaré de magdalenas
y encima subirá el colesterol.
Todo a mi alrededor me causa estrés,
mi sistema nervioso se resiente,
mi mundo se ha girado del revés
y yo me siento mal constantemente.
De guerra estoy oyendo los tambores
y ya me van entrando los temblores.
Si me dejo llevar por el lamento,
las ganas que no están, la abulia viva,
la actitud en exceso reflexiva,
la intensa percepción de aburrimiento...
Si me cuento a mí misma el mismo cuento:
que el mundo alrededor no me motiva,
que no tengo energía positiva,
que en mi vida es muy triste el argumento,
me aboco a la agonía emocional,
al estrés psicológico, al marasmo,
y asistiré a mi propio funeral.
No pretendo llegar a ese final,
así que lucharé con entusiasmo
para volver a ser fuerte y vital.
Algo fundamental:
de perspectiva trata la cuestión
pues ser feliz es solo una emoción.
el tiempo ha practicado su sutura,
y aunque es difícil obtener la cura
el dolor se ha tornado más liviano.
No quiero recordar, pero es en vano,
el pasado me cobra su factura;
voy avanzando lenta e insegura
en un constante esfuerzo sobrehumano.
El corazón zurcido se reanima
tras la convalecencia interminable,
mas no borra su amarga cicatriz.
Ahora, que la congoja es soportable,
pasaré de puntillas por encima,
pues debo reaprender a ser feliz.
me produjo una herida en lo más hondo;
vi que mi realidad tocaba fondo
y que aquello era el fin de mi camino.
Pero fuerte y vital me he mantenido
y he nadado hacia arriba con denuedo,
con la cara anegada en llanto quedo
y con el mustio corazón transido.
Sobrepuesta a la pena y la desgracia,
demostrando entereza y energía
mi animosa andadura proseguí.
El tiempo ha demostrado su eficacia
y aunque la herida duele todavía
hoy siento que orgullosa estoy de mí.
Celebro la efemérides del año
en el que comencé a escribir sonetos,
era arduo llegar a los tercetos,
pero en la actualidad, me las apaño.
Dificil al principio, no era extraño
que algunos se quedaran incompletos;
iba desentrañando sus secretos,
avanzando peldaño tras peldaño.
Trece años de escribir como he sabido,
y aun no quiero gritar eso de ¡eureka!,
ni puedo presumir de mi pericia.
Disfruto cuando salen de corrido
y si no, me provocan la jaqueca
que me agobia, me abate y me desquicia.
No es pequeña estulticia
devanarse los sesos escribiendo
en vez de vaguear o estar durmiendo.
Retales de una historia que ha acabado
tengo esparcidos sobre nuestra mesa;
de la melancolía es fácil presa
un triste corazón acongojado.
Desde que te marchaste de mi lado,
mi dolor es el rayo que no cesa,
la vida, antes liviana, ahora me pesa,
todo resulta gris, frío, cansado.
Sobrevivo sin ti por puro instinto,
perdida la ilusión y la esperanza,
evocando tu voz y tu consuelo.
Es todo igual que ayer, pero es distinto,
rememoro las horas de bonanza
y me siento incapaz de alzar el vuelo.
La inspiración de pronto me ha llegado
en forma de complejos pensamientos,
tantos que me agobiaron, pues a cientos
golpeaban mi mente, y me he quedado
tan absorta, pensando que he pensado,
que al querer explicar mis sentimientos
y mi sinfín de quejas y lamentos,
compruebo, a mi pesar, que he olvidado
los versos que brotaron a raudales
y que en segundos, tal como vinieron,
no dejaron ni huella, se me fueron,
y me quedé de nuevo sin señales
de vida inteligente en mi sesera.
Yo quisiera escribir, y no hay manera.
Permanezco a la espera:
y si las musas vuelven en tropel
tendré siempre a la mano algún papel.
Un día, visitando el Albaicín,
al paso me salió una gitana
con rasgos muy marcados, una anciana,
que me dijo, con tono cantarín:
Enséñame la mano, querubín,
te digo el porvenir esta mañana,
está claro que en fecha muy cercana
un hombre te dará su amor sin fin.
Y mi padre, acercándose al instante,
replicó al oír a la calé
de manera concisa y fulminante:
Tranquila quede usted, pues le diré
que ese hombre lo tiene aquí delante:
Su padre soy y siempre la querré.
En internet vivía aquel Cupido
que en lugar de carcaj tenía un teclado,
lanzó su flecha desde el otro lado
y dejó a mi avatar de amor transido.
Nunca hubiera soñado lo ocurrido
pues sucedió de modo inesperado,
si al metaverso aquel no hubiera entrado
nada de esto habría sucedido.
Tu viste mi figura exuberante
y yo tu torso esbelto y armonioso,
surgiendo la pasión en ese instante.
De un mundo paralelo y fantasioso
no me importó que fueras habitante;
sé que no era real, pero era hermoso.
Si se vuelve enojoso,
y el amor deja paso al desafecto,
o me canso de ti, me desconecto.