Celebro la efemérides del año
en el que comencé a escribir sonetos,
era arduo llegar a los tercetos,
pero en la actualidad, me las apaño.
Dificil al principio, no era extraño
que algunos se quedaran incompletos;
iba desentrañando sus secretos,
avanzando peldaño tras peldaño.
Trece años de escribir como he sabido,
y aun no quiero gritar eso de ¡eureka!,
ni puedo presumir de mi pericia.
Disfruto cuando salen de corrido
y si no, me provocan la jaqueca
que me agobia, me abate y me desquicia.
No es pequeña estulticia
devanarse los sesos escribiendo
en vez de vaguear o estar durmiendo.

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