Hoy vengo a confesarte, amiga mía,
que me asedian las dudas, que he perdido
la fe y algo se ha roto. Aunque me duela,
necesito alejarme de tu lado.
Nada definitivo; volveré
a tu amable sonido, a tu cadencia,
después de haber saltado, ya sin red,
decidida y osada en el vacío.
Si me aceptas, seguro que regreso
a pedir que me envuelvas en tu abrazo
a ceñirme a tus formas armoniosas.
No me guardes rencor, que no es renuncia:
retornaré a tu sombra, a tu cobijo,
buscaré tu regazo, amada rima.
