Tengo calor. Me invade la desidia
Después de demorarme en la portada,
mi mente elucubrando mil historias,
sumida en sensaciones ilusorias,
su lomo acaricié, ensimismada.
Sabía que esperaba, agazapada,
la aventura. Las penas y las glorias,
sus fracasos o puede que victorias...
me dispuse a leer, entusiasmada.
Mas, de pronto, las páginas se abrieron,
y un surtidor de luces y de estrellas
brotó ante mí con tenue resplandor.
Palomas que a lo lejos se perdieron
llevando las historias tras sus huellas
en un vuelo de luz y de color
Así con gran dolor
quedé desconsolada y afligida
resignada a vivir mi propia vida.
El ensalmo que, en voz baja, murmuro
sobre el agua que hierve en el caldero,
donde nadan mandrágora y romero,
servirá para hacer un buen conjuro.
Cuando luego el brebaje esté maduro,
si el hechizo me sale como espero
conseguiré el aspecto que yo quiero,
a ver si de una vez me transfiguro.
Al llegar a su punto de sazón
beberé diligente un buen tazón,
y sabré si funciona el sortilegio.
Solo pensarlo tiemblo de emoción,
y si me sobra un poco de poción,
de probarla tendréis el privilegio.
No es ningún sacrilegio;
¡Quiero ser elegante, esbelta y bella,
aunque me infle de helado y de paella!
Antes de colocarle ningún título
comienzo, sin pensar, este soneto;
a la métrica y rima me sujeto
mas deseo empezar otro capítulo.
Doy un giro energético y profundo
que renueve la fórmula poética;
llegó la inspiración, casi frenética
y apareció el capítulo segundo.
He cambiado las rimas porque quiero
eludir estructuras tan estáticas,
tratando de buscar nuevo camino.
Me he lanzado al soneto, mas prefiero
sortear esas reglas antipáticas
que, en realidad, me importan un comino.
Toma mi corazón, te lo ganaste
con tu sonrisa abierta y genuïna
que alumbra mi camino y lo ilumina
desde el mismo momento en que llegaste.
De mi hastío y mi abulia me libraste
con tu forma de ser, que me fascina,
con tu voz cadenciosa y cristalina,
diste un vuelco a mi vida y la cambiaste.
Contigo miro el mundo y me parece
de un cálido y sutil color de rosa
ornado con estrellas de colores.
Mi alma entera de gozo se estremece
al sentir que una fuerza poderosa
me mantiene alejada de temores.
Quiero que te enamores
con tanta intensidad y tal pasión
que me guardes por siempre el corazón.
En la orilla empezaba a chapotear
si la mente traviesa cabalga desbocada,
si imagino penuria, aunque sea muy remota,
me consume la angustia y no me calma nada.
Y quiero que amanezca y el suplicio concluya,
que la luz me devuelva la cordura perdida,
que la desesperanza, despavorida, huya
cuando el sol me demuestre que estaba confundida.
La negra noche acuna locuras transitorias
hace surgir el miedo, desata mis temores,
me sumerge en el caos, genera desazón.
Pero el día deshace las penas ilusorias
trayéndome alegría, barriendo los horrores,
recobrando la dicha mi pobre corazón.
Al ínclito lector que aún me sigue,
le dedico un poema inusitado,
con glosario pulido lo he labrado
y espero que al leer no se fatigue.
Aunque en léxico culto me prodigue
-porque soy una fémina leída-
escribo mis poemas complacida,
sin que a usar diccionario ello me obligue.
Impetro caridad para conmigo
si juzgáis que he pecado de estulticia
y podéis comentarme con franqueza
si os hice sonreír. Si lo consigo
tras haber puesto a prueba mi pericia
quedará demostrada mi destreza.
Perdonad mi torpeza
si queriendo obtener una sonrisa
quedé como pedante o de esa guisa.