Yo no tengo una musa almibarada
que susurre poemas en mi oído,
me las apaño sola si decido
mancillar una hoja inmaculada.
Me da lo mismo no llegar a nada
o escribir mil poemas sin sentido;
un leitmotiv, quizás descolorido,
con rima predecible y desgastada.
No he sido bendecida por la gracia
de hechizar con mis cantos al lector
como si fuera una fatal sirena.
Pero en cambio compongo con audacia,
a despecho de todo
lo anterior,
bajo el influjo de
la luna llena.

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