No sé si la ansiedad puede matar,
o la abulia, o la falta de ilusiones;
el vacío viaja en los vagones
del tren que me acarrea, a mi pesar.
Un traqueteo lento al avanzar,
aletargado, exento de emociones.
Ya no sé distinguir las estaciones
e ignoro en la que tengo que bajar.
Se acomoda una extrema lasitud
entre el cansancio, el tedio y el sopor
dejando obnubilada la razón,
y el marasmo se torna plenitud,
mientras que se vacía mi interior
del más mínimo atisbo de pasión.

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